hoy 4 de enero de 2010, a sus 64 años, muere sandro.
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canalla detentor de una majestad que sólo una cepa de popstars latinoamericanos supo capitalizar; roberto sánchez, el gitano, o tan solo sandro, vivió más vidas de las que le tocaban y murió cuando se agotaron las excusas que lo alejaban del cénit de las superestrellas.
símbolo sexual de su época y la eternidad, sus contoneos teatrales y su falsete hiperbólico hicieron eco de irreverencia y sexualidad en la pacata latinoamérica de tercios del siglo xx, cuando las abuelas se horrorizaban un poco agradadas por trajes de raso blanco y botas de tacón cubano.
un tom jones hispanoparlante y un icono pop de la eternidad musical de sudamérica que no cesará en deleites aún cuando su voz se haya apagado, pues su figura es eterna.
inmortalizada por warhol, taylor momsen la idolatra e imita; gwen stefani copió su estilo y triunfó con él; drew barrymore se hizo las puntas negras pero le duraron una semana; se rumora que kirsten dunst la interpretará en una peli sobre su vida; y su rubísima cabellera despeinada ha sido icono de pura belleza rockera desde los 70.
la primera vez que vi a debbie harry tendría 10 años y hurgaba las cajas de revistas de mi mamá donde venía revuelta una agenda de 1979 -mi año- que había comprado en holanda cuando vivían allá mientras mi papá hacía un master.
la agenda ‘blondie’ 1979 en holandés era un jeroglífico jugoso, llena de fotos de debbie y la banda durante todos los meses del año, así que decidí quedármela y llevarla al cole.
desde entonces debbie ha sido trendsetter de mis audacias, estilista inspiracional y fashion icon vitalicia.
las camisetas impresas, los jeans desgastados, los hot pants deportivos, ojos ahumados, fleco y el labial rojo con wayfarers en tacones.
‘is this it?’ es el disco de la década, sus cortes de cabello los más influyentes desde el ‘rachel’ de friends; sus integrantes los rompecorazones de la escena rock neoyorquina desde 2000: nick valensi tuvo morochos con amanda de cadenet; fab moretti fue el fuego en las entrañas de drew barrymore por casi 5 años; albert hammond jr. hizo las delicias de james king y más tarde de la simpar agyness deyn. julian se casó con la que alguna vez fuera la road manager de la banda, juliet joslin; y bueno, nikolai fraiture se casó y tuvo hijos en silencio, como siempre.
sus side projects son efervescentes y exitosos: julian y su solo project ha sorprendido a la renuente crítica; fab con little joy ha conquistado los corazones del mundo; nikolai con nickel eye se puso rocanrolero. y bueno, nick valensi se folla a amanda de cadenet entre foto y foto.
desde el 2001, cuando por primera vez escribí una nota para urbe sobre el verdadero fenómeno que despertó el rocanrol de la tumba autocavada de finales de los 90, llena de grunge y malas bandas, he idolatrado a the strokes.
tengo la spin de banda del año 2003, tengo los discos en físico, los bootlegs de los conciertos, los dvds, y una amplísima colección de fotos que clasifiqué hasta hace no mucho, en folders con el nombre de cada uno y por año. sí, i’m a fan, y no veo aún el tiempo de dejar de serlo.
con trying your luck me he enamorado y desenamorado, con someday me he besuqueado en rincones oscuros e inadecuados y con la persona menos indicada. con is this it? he fumado en la cota mil, con reptilia he jugado videojuegos y he gritado. una sucesión de recuerdos de una década que, finalmente, se acaba dentro de 29 días: cada tema es un himno, cada video un flash de apetencias, cada concierto o entrevista, un nuevo suspiro, como si nuevamente tuviera 22 años.
el año que viene voy adonde sea para verlos. no sea cosa que se les ocurra separarse.
no me den un espejo y un cepillo dentro de una habitación con puerta y un equipo de sonido: remedaré a las grandes divas de los musicales hasta que me sangren los pies y las cuerdas vocales.
lo mío es actuar: en secreto, a puerta cerrada y desafinando bastante.
en mi habitación soy una cabaretera famosa, y en la espera de nine, recuerdo mis musicales favoritos para calentar la garganta hasta que pueda gritar ‘be italian’.
y ‘grease’, el musical más influyente en mi adolescencia:
cuando tenía 5 años, mi madre pasó meses tratando de explicarme que boy george era un hombre. pero yo insistía en que era una chica con mucho estilo y le rogaba que me comprara un sombrero como el suyo.
desde entonces, ella supo que yo no sería la típica niña. y estaba en lo cierto.
la androginia de vanguardia ochentera fue, en mis ojos, la más rompedora y retadora: en medio de la incipiente epidemia de vih y la salida del clóset de todo cristo, llega boy george para recordarle al mundo que no sólo se trata de ser, también hay que parecer.