any given sundae
el helado más rico que me comí en noviembre.

o bueno, tú no tanto. que aún no te conozco, pero cuando nos conozcamos, igual me gustará más el helado.
desde que medía menos de metro y medio he sentido fascinación por los helados y sorbetes. me gustan más los helados cremosos, usualmente en combinación de sabores y en barquilla. aunque a veces, una copa es tanto o más deseada.
todo depende.
mi primer recuerdo de un helado fue en disney, cuando fuimos por primera vez. tendría 2 años y medio, recuerda mi mamá.
pero si consideramos que dije papá y agua a los 5 meses, a los 2 y 1/2 ya tenía bien resuelto mi rollo.
estábamos en magic kingdom y, si tenía 2 y 1/2, era 1981 -agosto- más o menos. hacía mucho calor y yo quería algo frío, así que mi madre compró un pastelado con forma de mickey mouse. desde entonces, mi corazón le pertenece un poco a esa imagen. fue un momento inolvidable: podía comerme a mickey mouse en disney!

los sueños sí se hacen realidad, pensé.
al día siguiente y esta vez en epcot, quise probar lo que hasta ahora no ha podido superar ningún helado empacado en los países que hasta ahora he visitado, y que debo acotar, han sido bastantes: mami me compró la banana cubierta de mantecado, cubierto de chocolate, cubierto de maní.
ni puedo explicarlo. conocí el placer a muy corta edad.
ya más grande paseábamos por el paseo las mercedes. tendría 4 años, corría 1985. yo llevaba un overol de jean -osh kosh, que dios te bendiga- y zapatos rosados. sí, mi mamá jugaba muñecas conmigo.
mi papá me compró mi barquilla preferida de la infancia: chocolate y fresa en el tope. caminábamos entonces y yo, golosa al fin, metí hasta la nariz en el tope de fresa, tanto que tumbé una de las pelotas de helado al piso.
fue cuando aprendí la regla de los 5 segundos.
mi madre aún lo cuenta horrorizada. yo? disfruté mi helado y aún vivo.
de adolescente fui fanática del crema real: un equilibrio tan perfecto como el bosque lluvioso entre helado de mantecado y cubierta de sorbete de naranja. era perfección. creo que ya no lo sacan más, pero de sólo recordarlo, se me hace agua la boca.
pero mi recuerdo más suculento viene de méxico: hogar de los más exóticos sabores y a su vez, de los más tradicionales.
los helados de tepoznieves, de chile con tamarindo, pétalos de rosa, higo con mezcal; o el sorbete de tequila que me tomé una vez con josé en un mercado.
en el df, colonia roma, o como muchos pretenden hacer creer al resto de la humanidad que no ha ido a nyc: el soho mexicano.
colonia de snobs y hipsters, de tiendas de diseño, de restaurantes caros. colonia de apartamentos de publicistas, músicos y artistas. colonia ‘fresa’ pero ‘moderna’, no tan moderna como condesa pero están juntas así que ya casi es igual. pero ante todo, colonia que alberga en la esquina de álvaro obregón la más deliciosa y legendaria heladería de ciudad de méxico: la bella italia.

quien vaya a df y no tome un sundae en la bella italia no ha tomado un helado como dios manda. y si no prueban las galletas de almendras, mucho menos.
en la bella italia hay una rocola, hay un menú en la pared y hay cuadros con dibujos de los helados que sirven. en la bella italia hay asientos retro y espejos. hay olor a canela y café y esa sensación que producen los lugares donde el tiempo nunca pasa. esa sensación de que, cuando vuelvas, todo estará igual. serás rizzo en grease cantando ‘look at me i’m sandra dee’.


no he vuelto a la bella italia desde hace años cuando fernando me llevó, pero sé que cuando vuelva, el sundae que me tome, la galleta de almendra y el café sabrán igual de deliciosos, como si ni siquiera un minuto hubiese pasado desde la ultima vez en 2003 cuando vivía en df.