cuando tenía 5 años, mi madre pasó meses tratando de explicarme que boy george era un hombre. pero yo insistía en que era una chica con mucho estilo y le rogaba que me comprara un sombrero como el suyo.
desde entonces, ella supo que yo no sería la típica niña. y estaba en lo cierto.
la androginia de vanguardia ochentera fue, en mis ojos, la más rompedora y retadora: en medio de la incipiente epidemia de vih y la salida del clóset de todo cristo, llega boy george para recordarle al mundo que no sólo se trata de ser, también hay que parecer.
mi educación musical ha sido amplia, plural y diversa. mi educación musical también me ha definido como persona y me ha enseñado a entender estados de ánimo a través de canciones, códigos a través de estribillos y a quien escucha por lo que escucha. desde los beatles y los stones hasta nino bravo y abba. desde bee gees hasta the carpenters, en mi casa ha sido mi madre quien influyó en mis gustos musicales y se lo agradezco a diario.
en los 80, escuchaba nino bravo y aún lo hace. solía tararear todas sus canciones y yo, hija única al fin, le decía que me dejara escuchar sin cantar. sentía cierta vergüenza, aún en privado de compartir con ella un momento musical.
siempre he sido reservada, pero los años me han enseñado a serlo sólo con quien debo.
ahora cantamos juntas esas canciones que de niña sólo quería escuchar, y sonreímos porque nos unen desde y para siempre.
¿por qué hay damas lecheras corriendo en un prado en un video de metal?
¿por qué richard ashcroft atropella transeúntes en ‘bittersweet symphony’?
¿por qué todos los videos de metallica tienen que ver con un niño perturbado?
¿por qué no puedo dejar de comer pirulin? esa es pregunta para otro post.
desde 1981 cuando mtv aireó ‘video killed the radio star’ las fórmulas audiovisuales para vender canciones han permutado en infinitas combinaciones: naturalmente literales, tímidamente artísticas, explícitas, abstractas y poéticas. ah, claro, y las de madonna.
ya mtv casi ni airea videos sino realities, pero el formato persiste y las fórmula se reinventa con 3d, motion graphics, sexo injustificado, bling bling, y mucha ropa de diseñador.
sin embargo, la época dorada del video musical será por siempre la de los ochenta y noventa, cuando los directores con ínfimos presupuestos jugaban a cineastas -no que ahora no, pero al menos tienen mega budgets- en una pradera, un monasterio o un estudio con props de anime.
las historias contadas perduraron sobre las canciones, que apenas fungen como el soundtrack de secuencias oníricas, principalmente inspiradas en el kistch del pop, melenas batidas y hombreras mal puestas.
verlos ahora es un placer culposo, verlos en sus versiones literales, un deleite.