peco de imprudente.
siempre revelo mis deseos, digo lo que pienso, confieso verdades que debería guardarme.
aunque vaya de misteriosa, peco de bocafloja. sonrío si estoy contenta, emito ruidos onomatopéyicos de gusto, evado miradas para que no sepan que estoy nerviosa, juego con las hebras izquierdas de mi pelo, me muerdo las uñas y hasta me arranco las pestañas simulando una basura en el ojo derecho.
en el fondo es parte del encanto: ser brutalmente honesta de palabra o acción. al menos yo sí sé que es parte de mi encanto.
pero quizás ese encanto sólo puedo verlo yo.
lo que nadie sabe -hasta ahora- es lo que callo cuando estoy frente a aquél que me arranca silencios:
con qué jabón me bañé para verlo?
qué ropa interior elegí con cuidado por si decidía desvestirme frente a él.
cuántas horas pasé acondicionando mis cutículas .
por cuántos lugares pasé la cera caliente para finalmente tener la piel suave y lampiña.
de qué modo cepillo mis dientes si sé que voy a besar.
lo que él no sabe es que usé el gel con olor a crème brûlée; y que, aunque el día anterior me había lavado el pelo con mi shampoo de higos, ese mismo día lo hice de nuevo para que oliera a frutas.
lo que él no sabe es que esa noche no dormí y que, al despertarme, usé crema antiojeras y corrector para disimular mi desvelo. que el único sueño profundo que tuve por 3 días fue verlo y besarlo.
él tampoco sabe que cuando voy a verlo, uso perfume en más lugares de los que habitualmente rocío. que cada gota es estratégicamente derramada para emanar un olor distinto al otro en el justo momento en que me rodee con su brazo mientras miramos la montaña y él toma fotos de mi nariz arrugada por una ridícula sonrisa de felicidad constante y tan innegable como el valor de un número primo; que dentro de mi bolso hay un arsenal de caramelos mentolados, toallas húmedas, crema de cacao en barra, peines y polvos compactos para siempre parecer, verme y oler como recién salida de un baño fresco.
lo que él no sabe es que debajo de mi ropa hay más ropa esperando ser descubierta, que mis medias combinan con mi falda, que corté las etiquetas de mi suéter para emparejar el anverso con el reverso en caso de tener que quitármelo y que él lo viera al revés sobre una butaca mientras apilaba mis prendas.
lo que él no sabe es que esa gota de sudor que me quitó del rostro cuando volvíamos a la ciudad era una lágrima.
There was love all around
But I never heard it singing
No I never heard it at all
‘Til there was you

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