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música

calamaro siempre: caracas, 9 de julio de 2010

un par de meses antes del 9 de julio me informaron que debía viajar a los angeles por asuntos de trabajo justo el 7 y 8.

en otra oportunidad hubiese pegado el fin de semana con el viaje para darle la vuelta a la ciudad y hacer las compritas esas mayameras de costumbre, con los 2 churupitos del mercado negro que alcanzan con el cambio paralelo.

en esta oportunidad sólo pensé en calamaro: debía volver a tiempo.

cuando vinieron los rodríguez yo era tan cachorra que hubiese sido imposible ir al autocine del cafetal así que jamás lo había visto en vivo. calamaro siempre coincidía una o dos semanas previas o posteriores a mis viajes: me pasó en argentina, en méxico, en tanto país. supe entonces que mi destino era verlo acá o en ninguna parte.

esperé el 9 de julio como un viaje a disney: tenía récord de los playlists de la gira entera, los discos en 320 kbpm para escuchar hasta los grillos de fondo; repasaba momentos y canciones, compartía con todos que, finalmente, vería a andrés.

los dos días de trabajo en los angeles fueron arduos: reunión tras reunión después de 10 horas de viaje para llegar y las propias para regresar, aterricé en casa a mediodía, me duché y me eché a dormir 3 horas. el vuelo doméstico de la conexión había sido nefasto y mi sueño igual.

a las 4 p.m. me desperté hecha un zombi: el cuerpo adolorido, la cabeza en espirales. puto cansancio.

me duché y me encontré con amigos para ir al ciec a eso de las 6. llovía sapos y ranas.

el ciec estuvo bien como experiencia de organización: es primera vez que no hago fila para entrar a un concierto dentro de venezuela. eso tuvo su mérito. que me quitaran los cigarrillos para entrar fue un asco (más asco aún que no los devolvieran porque nadie avisó que dentro no se podía fumar), sobre todo porque no quería alcohol, sólo un par de cigarros para aguantar el trote y la desorientación de 3 time zones en menos de 24 horas, 3 ciudades, 2 países, conexiones y ahora un concierto. el concierto más esperado del año y quizás de la década, al menos por mí y mis amigos.

pocos advenedizos y muchos fanáticos pagaron -como yo- la exorbitante tarifa de la entrada preferencial. querido evenpro: 150 dólares por un ticket a un concierto? por quién coño nos tomas? además de un abuso es un descaro. únicamente los pagué porque era andrés, pero cualquiera que haya salido de este país una sola vez sabe que ningún concierto de pie en una pocilga como el ciec cuesta 150 dólares. respétenme!.

así que comenzó puntual, al menos.

andrés es un rockero de punta a punta: de negro cerrado, piernas larguísimas y estrechas, botas y corbatín nos recibió con el chaleco puesto en su altar de música junto a los cómplices de su artificio. candy caramelo y diego garcía fueron fundamentales para los honores que sólo se lleva ‘el salmón’ por sus conciertos. de diego garcía quedé eternamente enamorada y a candy quería hacerle mohines para arrancarle sonrisas de la geometría tras su barba.

un set de éxitos para conocedores, de sencillos para fans nuevos, de himnos que están grabados en el inconciente de todo aquél que hable español y viva en latinoamérica; un set lleno de detalles, de cuidadosos motivos que arrancaron aplausos, que emocionaron, que abrumaron y nos hicieron felices. y por supuesto, los covers que hacen de cada concierto de calamaro un tributo al rocanrol y el pop: jumpin’ jack flash que se hizo el salmón, get up stand up que se mimetizó en más duele, hey joe de hendrix en alta suciedad, volver que se hizo padrino de flaca. el fanático espera siempre sus covers para poder decir que fue a un concierto de andrés, donde no sólo hizo gala de sus dotes de showman y rockero sino de pop culturista, melómano y desfachatado artista y artífice.

calamaro fue un rey: conmovedor y conmovido en su papel de torero y cantante; histriónico en sus ademanes a-lo-raphael; arrogante como un pequeño que recién conoce la fama y la sabe paladear para luego escupir notas geniales. fue un show de altura, una cátedra de rock, un ritual de colores; de palabras que se debilitaban por la emoción, de silencios iniciales por el miedo al rechazo de algunos que no conocen su naturaleza indomable y que, con el paso de las canciones y los decibeles desgarrados del público, fueron fluyendo en dulces agradecimientos hasta el arrobamiento de quien no se cree ni espera semejante demostración de afecto.

hubo lágrimas colectivas, hubo gritos y brincos frenéticos, hubo momentos de estupor de la tarima al foro y del foro a la tarima; ensordecedoras anécdotas que arrancaron sonrisas inesperadas.

hoy volví a este texto y tiene más sentido que nunca:

Yo, que a veces no sé si soy digno de creer realmente, cuando escucho como ahora este jazz medular surcando con su ráfaga de escalofrío la distancia que hay desde mis huesos hasta esta página; cuando la vida sobrenada en una pulga joven, misteriosamente plena; cuando me doy cuenta súbitamente de que, a pesar de todo, amo y soy amado; cuando vienen hacia mí, igualmente de pronto, una verdad que yo no me he forzado en conquistar, una belleza que no he buscado, una amistad que no esperaba, una sonrisa gratuita que no provoqué; cuando en plena conciencia de mis límites, percibo que siempre “puedo más” ; cuando siento que; a nivel de lo sustancial, nada está perdido si cada día soy capaz de repetir conscientemente la sílaba vital que ahora, al lado mío, encarna Mahalia; cuando tomo conciencia, con un agradecimiento muchas veces instintivo, prerracional, de que, pese a los naufragios, recibo el ser (de que, efectivamente, me lo está dando), entonces me siento invitado (¿diría mejor: convocado?), a sentir, a creer.

Armando Rojas Guardia

música

calamaro: preámbulo

i

a calamaro lo conocí en el inicio del verano 1996: yo usaba camisa beige y falda azul marino combinada con mocasines vino tinto sobre medias hasta la rodilla. mi morral estaba raído, pero no me importaba: me había teñido el pelo de borgoña.

en mi walkman de radio fm sonó los rodríguez por primera vez. aún la imagen vive clara en mi memoria: iba en el autobús, mirando por la ventana y presentaron ‘mi enfermedad’.

parecía tan descabellado que una canción se llamara así que cerré un poco los ojos como quien presta atención y, al primer riff, ya todo estaba perdido: ese sentimiento que antes se debatía en mi corazón con imágenes pero sin ritmo, finalmente lo había encontrado. ya aquél ex que me llegó al alma y me dejó desolada tenía asignado un código musical verosímil con letra interpretada por una adorable voz rasposa.

entonces, la banda sonora de mis últimos años adolescentes y de mi veintena entera se presentó epifánicamente una tarde de miércoles, con el sol de frente y pasaje estudiantil a 15 bs: la voz de andrés calamaro tradujo los sinsabores y triunfos del amor previos y posteriores a mi mayoría de edad con precisión abrumadora.

y así pasaron los años, las tendencias musicales, los gustos momentáneos, los amores correctos e incorrectos, mil colores de pelo, tatuajes, piercings, zapatos, tristezas y alegrías. todo pasó, todo, menos los rodríguez, o calamaro.

ii

luego andrés se hizo solista. pensé que -quizás- mi fascinación por su música se diluiría, pero no.

recuerdo comprar sus discos en cd solution de plaza las américas y escucharlos en mi discman como un loop eterno durante universidad, primeros años de trabajo y hasta que apareció mi primer ipod.

y así como los amores arruinan la música hasta el punto de hartazgo por recordar lo malqueridos que hemos sido; así andrés salió ileso de rupturas, engaños y separaciones.

fue cuando supe que nada lo superaría, porque ese lenguaje paralelo con el que nos aprendimos a comunicar sin conocernos, trascendería todo sin bajar de su altar.

iii

así conocí a m.

a m lo conocía, o lo había visto un par de veces. creo que en algún punto de mis veintes nos hicimos amigos por messenger. luego nos enredamos en un breve y alocado romance sin éxito. ahora somos amigos, menos mal.

pero m me mostró una canción de los rodríguez que -aún no sé por qué- no conocía: todavía una canción de amor.

un himno de dulzura escrito por joaquín sabina que me recordó por qué amaba tanto la voz de andrés.

y luego conocí a h: casi un tera de calamaro de por medio, nos acompañamos apenas un par de meses, pero aún nos tenemos cariño.

el viernes pasado lo vi en el concierto. quería decirle mucho, pero terminé por tomarme un refresco con él.

iconos, música

calamaro: primeras consideraciones

lo primero que debe entender el outsider es que andrés calamaro es un músico que no hace concesiones. no las ha hecho ni una sola vez a lo largo de su extensa y prolífica carrera musical, y creo -porque ya una de tanto escucharlo y leerlo lo conoce- que jamás las hará.

calamaro es un defensor de la honestidad y las palabras claras, pero sobre todo, es un defensor de la música. no se escuda en excusas ni quiere complacer a nadie más que a él mismo. es un artista de los de antes, de los que no se escudan en pendejadas ni parafrasean frases complacientes para quedar bien con nadie.

y es por eso que, desde hace meses ya lo había dicho: no me voy a meter en política. y, al contrario de lo que todos piensen, no lo hizo.

andrés fue -ante todo- un cantor, como él mismo lo advirtió cuando quienes no conocen su carrera ni sus posturas más que desde hace unos meses se tornaron enfurecidos e indignados ante la noticia del concierto en el parque los caobos.

soy la primera detractora del gobierno y milito de pensamiento, palabra y obra para sacudirnos este maleficio; pero calamaro no se vendió, no fue blando y jamás cedió más que a su música y a si mismo el fin de semana del 9 de julio.

y antes de elaborar en el romanticismo y belleza de lo que pude experimentar este fin de semana, quiero aclarar: que haya una foto del ché en las visuales de ‘los chicos’, que haya salido a tocar con una franela de estrella roja, que haya vociferado ‘que vivan las revoluciones de los corazones’ en pleno evento de la alcaldía de caracas y se refiriera a jorge rodríguez como culto y amable (que sí lo es, deben admitirlo. que sea un demente resentido y cínico con sed de venganza no es asunto de calamaro) no significa que el argentino se haya vendido; significa que no le debe nada a nadie, que él vino a lo suyo, con gracia, con entereza, con calidad y con el descaro de quien se sabe grande y -como él- puede demostrarlo a opositores y oficialistas (si es que existe ya tal cosa) por igual.

entonces hay que estar bien claros: que un músico tenga la oportunidad de cantarle a miles en un evento gratuito y difundir su música, sus discos, su voz y su imagen no es reprochable; total, de eso vive, y hay que ahorrar para la universidad de charito. que lo haga en un país tan polarizado como el nuestro es sólo reprochable para quien no puede pasar de la política para situarse en el hecho musical. y no, no es el mismo caso de calle 13: calamaro no salió con una franela alusiva a chávez en un evento de mtv ni dijo que no se vendería para luego twittear que simpatizaba con el presidente y cuanta ridiculez más.

calamaro es un progre, un carajo con conciencia social, un ciudadano culto y rompedor. que es chocante un concierto gratis en los caobos? sí que lo es. que nos encantaría escucharlo hablar pestes de chávez? pues sí, qué rico. pero calamaro tiene más clase, habló de un público excepcional el viernes 9 en el ciec en pleno parque los caobos, evocó a la libertad cada vez que pudo, y fue sutilmente cínico en su elección de palabras y adjetivos. el artista no es frontal porque su principal objetivo es ser aclamado, y en eso hay que ser lúcidos.

y no, no me parece reprochable que su objetivo sea la fama y la popularidad. al final del día, para eso viven los músicos, los artistas y todo el que tenga algo qué decir. no?

calamaro no es un puertorro que vive bajo el yugo gringo y le parece trendy simpatizar con un gorila que profesa el comunismo extemporáneo.

hay que estar claros, hay que parar, respirar profundo y pensar.

y por supuesto, hay que cantar.

en una próxima entrega: sus conciertos en caracas.

amor, música

amor prohibido

y cuando al fin estemos juntos los dos
qué importa qué dirán
tu padre y tu mamá
aquí sólo importa nuesto amor
te quiero
-selena quintanilla

la primera vez que escuché de marcelo camelo como solista no fue precisamente en una gran crítica sobre su voz de ruiseñor o sus letras dulces. tampoco una apología a sus rizos moros sólo comparables con el príncipe del cuento de fernando paz castillo.

la primera vez que escuché sobre marcelo camelo fue porque a sus 31 años, se hizo novio de la pequeña mallu magalhães, una quinceañera paulista con cara de ángel que hacía sus pinitos en el pop rock brasilero de finales de 2008.

después de casi dos años de romance, ya no parece tan escandaloso que el ex vocalista de los hermanos le doble la edad a su novia adolescente. quizás sea esa aura que envuelve a todo aquél que alcanza la fama y lo convierte en portador de un adn atemporal y distinto del resto; pero paso de las críticas de todos: marcelo y mallu son una pareja hermosa.

la amorosa ‘janta’ (comida), es el himno de romance a dúo incluido en sou* -editado en 2008- (‘soy’, que además se lee al revés y flipeado como nos o ‘nosotros’), el primer álbum solista de camelo, donde se asoma como el nuevo caetano veloso: por momentos, un folclorista modernizado con dejos clásicos, en otros un músico avant garde, dueño de un discurso pop progresivo y ultra pulido. camelo es genial de principio a fin: una obra sin costuras visibles, sin remiendo alguno, producida con detalle y dulzura por quien -además- es adorado por el público brasilero después de una larga carrera junto a los hermanos.

cortes como ‘copacabana’, una marcha de carnaval tradicionalista con sonido actual; ‘tudo passa’ (todo pasa), pop estético con detalles en filigrana o la amelcochada ‘doce solidão’ (dulce soledad), hicieron que sou sonara toda la semana pasada en loop en mi itunes, ipod, y cuanto aparato sonoro poseo.

es la ventaja de bajar música y dejarla reposar por meses: siempre es más bella la segunda vez.

*dale click al título para bajar.

pelis

finalmente

amor, música

ánimo loverboy

estar enamorado es toda la onda.

en amador, adanowsky lo confirma con campanitas soñadoras, triángulo y guitarras de algodón de azúcar.

apenas un disco atrás, la misma voz que ahora acaricia los lóbulos de mis orejas, aruñó la parte trasera de mi cabeza mientras hacía que la mañana más luminosa apestara a cabaret a las 3 am. bastante parecido al amor.

entonces, adán jodorowsky: poeta del desastre, edipo confeso, vocero del aguardiente, autor de los más turbios himnos de desamor, depresión y soledad… ese mismo adán, ahora canta con voz de terciopelo -y entre susurros, pero dos octavas arriba- arma versos sólo posibles de una víctima paralizada por el más tierno y mullido de los romances.

edulcorado pero elocuente, amador se escucha en 14 entregas de neo bolero, folk sobrio, ranchera acústica, retro pop, o cualquier otro género mestizo que se tenga a bien inventar en una noche ociosa.

47 minutos llenos de amor por el amor, hasta -o más que todo- cuando se convierte en desamor.

y eso… eso es bien bello.

click en la foto para poseer-lo:

amor, música

es todo lo que tengo y es todo lo que hay – lisandro aristimuño

qué será lo que esconde el domingo que deja a todos sin aliento?

click para bajar

un saco azul

un vendaval

un corazón

y un plan fugaz

es todo lo que tengo y es todo lo que hay

un piano al sol

un celular

un grabador

en el placard

es todo lo que tengo y es todo lo que hay

hoy puedo ver alrededor

un tobogán sin escalón

besar tus pies

en el sillón

dejar de estar

decir que no

hoy puedo ver alrededor

un tobogán sin escalón

besar tus pies

en el sillón

dejar de estar

decir que no

tu mano en do

un boulevard

el desamor

del funeral

tomar un tren

dejar pasar

pedirle a dios

un poco más

es todo lo que tengo y es todo lo que hay

cambiar el sol

de tu lugar

hoy puedo ver alrededor

un tobogán sin escalón

palabras

las 100 palabras más bellas (en Inglés)

Ailurophile A cat-lover. 
Assemblage
A gathering.
Becoming Attractive.
Beleaguer To exhaust with attacks.
Brood
To think alone.
Bucolic
In a lovely rural setting.
Bungalow
A small, cozy cottage.
Chatoyant
Like a cat’s eye.
Comely
Attractive.
Conflate
To blend together.
Cynosure
A focal point of admiration.
Dalliance
A brief love affair.
Demesne
Dominion, territory.
Demure
Shy and reserved.
Denouement
The resolution of a mystery.
Desuetude
Disuse.
Desultory
Slow, sluggish.
Diaphanous
Filmy.
Dissemble
Deceive.
Dulcet
Sweet, sugary.
Ebullience
Bubbling enthusiasm.
Effervescent
Bubbly.
Efflorescence
Flowering, blooming.
Elision
Dropping a sound or syllable in a word.
Elixir
A good potion.
Eloquence
Beauty and persuasion in speech.
Embrocation
Rubbing on a lotion.
Emollient
A softener
Ephemeral
Short-lived.
Epiphany
A sudden revelation.
Erstwhile
At one time, for a time.
Ethereal
Gaseous, invisible but detectable.
Evanescent
Vanishing quickly, lasting a very short time.
Evocative
Suggestive.
Fetching
Pretty.
Felicity
Pleasantness.
Forbearance
Withholding response to provocation.
Fugacious
Fleeting.
Furtive
Shifty, sneaky.
Gambol
To skip or leap about joyfully.
Glamour
Beauty.
Gossamer
The finest piece of thread, a spider’s silk
Halcyon
Happy, sunny, care-free.
Harbinger
Messenger with news of the future.
Imbrication
Overlapping and forming a regular pattern.
Imbroglio
An altercation or complicated situation.
Imbue
To infuse, instill.
Incipient
Beginning, in an early stage.
Ineffable
Unutterable, inexpressible.
Ingénue
A naïve young woman.
Inglenook
A cozy nook by the hearth.
Insouciance
Blithe nonchalance.
Inure
To become jaded.
Labyrinthine
Twisting and turning.
Lagniappe
A special kind of gift.
Lagoon
A small gulf or inlet.
Languor
Listlessness, inactivity.
Lassitude
Weariness, listlessness.
Leisure
Free time.
Lilt
To move musically or lively.
Lissome
Slender and graceful.
Lithe
Slender and flexible.
Love
Deep affection.
Mellifluous
Sweet sounding.
Moiety
One of two equal parts.
Mondegreen
A slip of the ear.
Murmurous
Murmuring.
Nemesis
An unconquerable archenemy.
Offing
The sea between the horizon and the offshore.
Onomatopoeia
A word that sounds like its meaning.
Opulent
Lush, luxuriant.
Palimpsest
A manuscript written over earlier ones.
Panacea
A solution for all problems
Panoply
A complete set.
Pastiche
An art work combining materials from various sources.
Penumbra
A half-shadow.
Petrichor
The smell of earth after rain.
Plethora
A large quantity.
Propinquity
An inclination.
Pyrrhic
Successful with heavy losses.
Quintessential
Mose essential.
Ratatouille
A spicy French stew.
Ravel
To knit or unknit.
Redolent
Fragrant.
Riparian
By the bank of a stream.
Ripple
A very small wave.
Scintilla
A spark or very small thing.
Sempiternal
Eternal.
Seraglio
Rich, luxurious oriental palace or harem.
Serendipity
Finding something nice while looking for something else.
Summery
Light, delicate or warm and sunny.
Sumptuous
Lush, luxurious.
Surreptitious
Secretive, sneaky.
Susquehanna
A river in Pennsylvania.
Sussurous
Whispering, hissing.
Talisman
A good luck charm.
Tintinnabulation
Tinkling.
Umbrella
Protection from sun or rain.
Untoward
Unseemly, inappropriate.
Vestigial
In trace amounts.
Wafture
Waving.
Wherewithal
The means.
Woebegone
Sorrowful, downcast.

misterio develado: fuente inequívoca de todas las letras de of montreal. kevin barnes, you’re fired.

amor

lo que callan las mujeres

peco de imprudente.

siempre revelo mis deseos, digo lo que pienso, confieso verdades que debería guardarme.

aunque vaya de misteriosa, peco de bocafloja. sonrío si estoy contenta, emito ruidos onomatopéyicos de gusto, evado miradas para que no sepan que estoy nerviosa, juego con las hebras izquierdas de mi pelo, me muerdo las uñas y hasta me arranco las pestañas simulando una basura en el ojo derecho.

en el fondo es parte del encanto: ser brutalmente honesta de palabra o acción. al menos yo sí sé que es parte de mi encanto.

pero quizás ese encanto sólo puedo verlo yo.

lo que nadie sabe -hasta ahora- es lo que callo cuando estoy frente a aquél que me arranca silencios:

con qué jabón me bañé para verlo?

qué ropa interior elegí con cuidado por si decidía desvestirme frente a él.

cuántas horas pasé acondicionando mis cutículas .

por cuántos lugares pasé la cera caliente para finalmente tener la piel suave y lampiña.

de qué modo cepillo mis dientes si sé que voy a besar.

lo que él no sabe es que usé el gel con olor a crème brûlée; y que, aunque el día anterior me había lavado el pelo con mi shampoo de higos, ese mismo día lo hice de nuevo para que oliera a frutas.

lo que él no sabe es que esa noche no dormí y que, al despertarme, usé crema antiojeras y corrector para disimular mi desvelo. que el único sueño profundo que tuve por 3 días fue verlo y besarlo.

él tampoco sabe que cuando voy a verlo, uso perfume en más lugares de los que habitualmente rocío. que cada gota es estratégicamente derramada para emanar un olor distinto al otro en el justo momento en que me rodee con su brazo mientras miramos la montaña y él toma fotos de mi nariz arrugada por una ridícula sonrisa de felicidad constante y tan innegable como el valor de un número primo; que dentro de mi bolso hay un arsenal de caramelos mentolados, toallas húmedas, crema de cacao en barra, peines y polvos compactos para siempre parecer, verme y oler como recién salida de un baño fresco.

lo que él no sabe es que debajo de mi ropa hay más ropa esperando ser descubierta, que mis medias combinan con mi falda, que corté las etiquetas de mi suéter para emparejar el anverso con el reverso en caso de tener que quitármelo y que él lo viera al revés sobre una butaca mientras apilaba mis prendas.

lo que él no sabe es que esa gota de sudor que me quitó del rostro cuando volvíamos a la ciudad era una lágrima.

There was love all around

But I never heard it singing

No I never heard it at all

‘Til there was you